viernes, 23 de septiembre de 2011

Las "crónicas" de Penedos do lobo 2011

Traemos hoy al blog del club de atletismo Esprintes Ourense lo que han escrito sobre el Maratón de Montaña de Penedos do Lobo dos de nuestros corredores que lo han vivido en primera persona el pasado domingo.

Leyendo sus vivencias o nos da muchas ganas de salir a correr al monte, o de no hacerlo nunca más... enhorabuena a los dos por vuestra carrera y por trasmitirnos ese momento compartiéndolo con todos.


Penedos do Lobo - Maratón de Montaña

Por Óscar del Campo Rodríguez
He querido dar nombre a esta entrada, enfatizando la segunda parte: Maratón de Montaña.
Como muchos ya sabréis, este año subía a Manzaneda a disfrutar del Maratón, intentando que los nervios de principiante del año pasado no me impidieran disfrutarlo como se merece, dándome un margen de tiempo para completar el recorrido suficientemente amplio como para no acabar machacado, y poder seguir con la planificación que desde hace más de 2 meses sigo y que finalizará el próximo día 22 de octubre con el gran reto de la temporada a nivel personal, quizá más que deportivo... "Destino Ourense" del que en breve os daremos más datos desde el club.
Pues bien, la carrera no fue como esperaba, pero no os confundáis, ¡fue mejor!.
Primero una breve reseña de los preparativos y días anteriores:
Inmerso en la plantificación antes citada, llegaba el sábado a la tarde con 82 km en las piernas y sin descanso alguno, el maratón debería ser una prueba importante de cómo estaba en cuanto a resistencia y cómo respondería mi cuerpo ante tal esfuerzo con una carga importante acumulada previamente. Así las cosas, la idea era salir conservador y, como dije antes , despacito (lo cual no fue del todo posible).
La única ventaja de afrontar así la carrera es que los nervios que suelen atenazar mi estómago no llamaron a mi puerta trasera, sin embargo ya cuando sobre las 20:30 h. del sábado 17 llego a la base de la estación donde dormiría esa noche, el ambiente, la niebla, el rumor del viento que empezaba a levantarse... comenzaba a presagiar que esta edición de Penedos do Lobo iba a ser, cuando menos, diferente. Y así lo notaba mi cuerpo que a pesar de la tranquilidad relativa fue incapaz de conciliar todo el sueño que debería. En todo caso, las 4 horas que pude dormir fueron muchísimas más que la media hora que puede descansar el año pasado presa de los nervios .

Este año no cometí el error del anterior: desayuné algo que era garantía, al igual que en la Travesía de los montes Aquilianos, unas galletas de cereales y unos "frosties", que regados con un par de tazas de café solo sin azúcar (Natural 100 %  Etiopia Moka, de Campos - Las Antillas), me aseguraban el estado de vigilia necesario a la vez que la energía hasta el primer avituallamiento.
 Respecto del café el único problema fue que si el año pasado pare a mear una vez , este año tuve que hacerlo hasta 3.
Una vez desayunado en la habitación, había llevado mi propio desayuno, a las 6:30 bajé a la cafetería donde otros corredores hacían lo propio. Allí tuve el honor de saludar a Casado, (tercer clasificado en la prueba absoluta), ¡que crack el de Maceda! . Me llamó la atención que él únicamente estaba tomando café solo. Le tengo que preguntar si tomó algo más. Yo, personalmente, me he acostumbrado a salir a rodar temprano por la mañana y siempre en ayunas... regulando la energía y el aporte de calorías según van pasando los kms.
Después de saludar a amigos y conocidos, paso el control de firmas 5 minutos antes y, evidentemente sin calentar, me dispongo a tomar la salida.

Con 7 grados de temperatura y a las 8:02 por mi reloj da comienzo el MARATÓN DE PENEDOS.
La verdad es que recuerdo que iba disfrutando la carrera como nunca. Hace 2 años corrí el cross y flipé ya en la bajada del primer cortafuegos (crónica del cross). El año pasado el miedo a no dar terminado me acompañó toda la prueba, pero este año, estaba disfrutando.. empezando casi atrás del todo, fui adelantando a algún que otro corredor, pero siempre a ritmo conservador.
En el primer cortafuegos, adelanto a Jose A Perez, que recién llegado de la Transalpine Run que ya me había comentado que no podía perderse de ningún modo el maraton de Penedos. De repente antes justo de acabar el cortafuegos de bajada, nos adelanta saltando entre las piedras Casiano, compañero de Jose A en la aventura alpina.
Después del cortafuegos , por la zona que el año pasado me dedico a rodar entre 4:45 y 5 el km, este año ni miro el reloj, pero juraría que voy algo mas lento... la vista es espectacular, se respira la montaña, la niebla que nos acompaña y las voces ahogadas por la falta de aliento de algunos corredores que van charlando hacen de esos kilómetros un momento para recordar.
Antes de proseguir os comentaré que este año, harto de no tener la fortuna de no aparecer en ninguna foto de la carrera, decidí correr con el móvil, y a la vez usar la cámara de ver en cuando para así tener un recuerdo. De ahí que muchas que las fotos que aparezcan tengan una calidad... dudosa.
Así las cosas, y antes de encarar el cortafuegos, cruzamos por la carretera de acceso a la estación, donde algunos valientes tapados hasta las orejas nos dan ánimos. Nos acercamos al km 10 y con ello al cortafuegos.
Como ya dije el año pasado: el entrenamiento se nota. Llevar un ritmo relativamente más suave del que se puede también...
El cortafuegos lo comienzo "trepando", es que no hay otro nombre, y allí saludo a algún que otro conocido mientras gano algún que otro puesto, simplemente andando mas rápido que ellos, porque correr en ese primer tramo es inviable, al menos a mi me lo parece.

LLegamos al avituallamiento de la mitad del cortafuegos, un par de porciones de plátanos , dos tragos de powerade y después de charlar unos segundos con Santi (redonetfrio en esa subida, el viento no era tan notorio ni existía el contraste del año pasado de la falta de sol en esa cara de la montaña, ya que aun no habíamos visto el sol, y por otro lado el no haber apenas sudado por las bajas temperaturas impedían quedarse frío como el año pasado al echarse a andar.
Desde el final del cortafuegos hasta llegar a la media maraton en la cima de la estación de montaña, las cosas se complican, por una zona húmeda, con muchisima niebla y un viento norte  que hace que los 3ºC de temperatura supongan una sensación térmica negativa .
Yo gracias que había visto la predicción en el snow forecast, llevaba bajo mi camiseta una térmica de las que uso para esquiar. Aun asi la sensacion era realmente frrrrrría. Adelanto y ruedo con algunos compañeros que van en sisas, mi madre querida, no quiero ni pensar como tienen que llevar el pecho y la espalda , que por otro lado yo gracias a la mochila llevo un pelin mas caliente.
Sin embargo las manos las llevo congeladas durante esos 6-7 km hasta llegar a la media maraton. No paro a coger los guantes de la mochila porque si me paro creo que no daré arrancado del frío, además no siento los dedos y tengo que ir continuamente moviendo los dedos para notar que aun van enteros .
La parte positiva es que esa zona que habitualmente no es de las que me mas gustan , la paso casi sin enterarme porque solo voy pensando en llegar arriba y ver si al empezar a bajar la cosa cambia.
    (Foto en correrengalicia, ni que decir tiene que en todo ese tramo no saque el movil para hacer ninguna foto )

Llego al medio maratón en 2:23:27, ¡coño! ni dos minutos más que el año pasado, y eso que creía que venia mucho mas reservón y a pesar del mal tiempo. De hecho las zonas donde "corri" nunca bajé de 5/km osea que la ganancia ha sido en las subidas que entre andar más deprisa y correr algo mas ha supuesto que casi hiciese el mismo tiempo que el año pasado.
Aquí tampoco puedo parar mucho, cojo un gel que meto en la mochila, un par de trozos de plátano y de nuevo un par de vasos de powerade. Antes de seguir les pido que, por favor, cojan los guantes de mi mochila que yo no puedo, lo hace pero.... tampoco me los doy puesto. Tengo los dedos completamente helados. Aún tardo un rato y con ayuda para poderlo poner. Más bien yo estiré los dedos (no del todo que no daba) y ellos me los pusieron...
Dejo el avituallamiento y con un grupito de 3-4 corredores encaramos la bajada. Sigue haciendo frío, pero a la media hora o así, parece que el viento cesa y la sensacion térmica no es tan heladora.
Entre comentarios de si ya es zona nueva o no, bajamos y bajamos, la verdad en algún momento la rodilla izquierda me protestaba pero era natural debido seguramente al esfuerzo realizado y a las bajas temperaturas que no ayudaban. Sin darnos cuenta y después de varias zonas de bajada técnica llegamos al avituallamiento de Prada donde están Carlos y Babarro (organización).
   (Perfil de la prueba donde se aprecia la bajada criminal desde la media maraton hasta el avituallamiento de Prada)

Allí la temperatura era mucho mas agradable al menos para nosotros que veníamos de la cota 1800, pero la verdad a mi no me sobro la camiseta térmica en ningún momento , y la lleve hasta el final. Es mas, hasta la mitad de la subida a Penedos no me quite el Buff. Seria el frio que pase o que el viento no dejaba de enfriar el poco calor que los rayos de sol nos daban en los últimos kilómetros.
Ahora empezaría una zona nueva , aunque ya la bajada a Prada no era como el año pasado. Practicamente en solitario empiezo a rodar donde quizá mas se puede correr, entre Prada y Paradela. Sin embargo pasan los kilómetros, adelanto a algunos corredores y varios participantes de la andaina  y a mi las cuentas me empiezan a no salir. Hasta pienso si me habré perdido. Solo la presencia de algún corredor me dice que sigo en el camino correcto.

Ojo y no porque estuviera mal marcado, todo lo contrario el marcaje es espectacular con las estacas cada ciertos metros, pero llego al kilómetro 35 y ni rastro de Paradela.
Aquí es donde mas aumento el recorrido, el tema es que antes de llegar a Paradela, nos desviamos y damos un rodeo, con una buena subidita y luego una bajada (que casi me revienta los cuadricpes en ese punto) para volver a subir y llegar a Paradela, allá por el km 38 si mal no recuerdo..... ) Ufff y como siempre me dijeron y pude comprobar varias veces.. ahí, en Paradela comienza la carrera.
Esta es la parte donde mucha gente se hunde después de casi 40 km, y sabiendo que queda lo mas duro, al menos muscularmente ya que entre Penedos y el ultimo cortafuegos tenemos que ganar unos 700 metros de altitud para llegar a meta.
En todo caso he de decir que los Penedos siempre se me dieron bien, siempre llegue bastante entero por haber ido reservando, y seguramente otras bajadas como las de acceso a Prada me irían mucho peor para mis ya cargadisimas piernas a esas alturas.
En el ultimo avituallamiento y después de conectar , e incluso sobrepasar en la subida a Penedos a varios corredores a los que habia perdido anteriormente por hacer un par de paradas técnicas a soltar lastre liquido, apenas paro, veo a lo lejos casi en la mitad del cortafuegos  a Carlos y voy a su encuentro. Enseguida me doy cuenta de que va tocado, un gel no le ha caído bien en el ultimo avituallamiento (Paradela) y va tirando como puede. Me pongo a su altura al terminar el cortafuegos, quedan 3 km y le dio que ya vamos juntos, a los cual me contesta que tire, que vaya yendo que el va tocado, que no me preocupe... así las cosas, empiezo a correr, para a las 5h33miny 40 seg de haber empezado entro en meta, y termino mi segundo maraton de Penedos do Lobo (puesto 68). Contento y satisfecho por el esfuerzo realizado y el terminar en suficientemente buen estado para poder continuar con mi plan de entrenamientos.

Algunos datos de la prueba (datos personales de realización de la misma)


Penedos do lobo edición 2011

Por Ángel Pumar Bóveda

Es una carrera que engancha.

Por si alguien no lo sabe, la corrí por primera vez el año pasado en unas condiciones físicas lamentables, consiguiendo llegar a meta en siete horas y cuarenta y cinco minutos. Hasta entonces, y después de todas las ediciones anteriores, la peor marca conseguida en los cuarenta y dos kilómetros y pico, por la zona de la estación invernal de Cabeza de Manzaneda.
Esta vez todo era diferente. Tenía muchos kilómetros de entrenamiento en las piernas, que, aunque no específico para esta carrera de montaña, estaba seguro de que me ayudarían a mejorar el resultado.
El año pasado llegué a Manzaneda el día anterior con mi compañero de equipo Oscar y nos instalamos en un apartamento a pie mismo de salida. Este año, se me complicó el viaje. y después de pasar prácticamente toda la noche levantado por compromisos personales que, ya previstos con antelación, me obligaron a un “descanso preventivo” casi toda tarde del sábado, hicieron que llegara media hora antes de tomar la salida.
Control de firmas, recogida de dorsal, saludo a los muchísimos conocidos, encuentro fugaz con Oscar y Carlos, compañeros y amigos de nuestro equipo ESPRINTES OURENSE y, después de un par de trotes,- más para probar que para calentar-, y del disparo de rigor, tomamos la salida con las primeras luces del alba, es decir, casi de noche, a las ocho en punto de la mañana.
La temperatura era bastante fresca, unos seis o siete grados y, la verdad es que salí muy trabado, en las últimas posiciones del pelotón formado por unos 140 corredores y corredoras. Esa semana llevaba encima cerca de setenta kilómetros de entrenamiento y, desde luego, nuestra intención, no era disputar nada. En mi caso, aún así, no sería descabellado pensar que, sin emplearme a fondo, podría mejorar la marca pero, en este tipo de carreras y, en esta en concreto, estoy convencido que, lo verdaderamente importante es acabarla.
Los primeros diez kilómetros son relativamente fáciles. Al principio se desciende por un cortafuegos en el que suelen ocurrir algunos pequeños percances debido a la aglomeración y la falta de atención. Luego se transita por una pista forestal con algunos repechos bastante fuertes pero todavía cortos, en los que se puede correr relativamente bien y sirven para entrar en calor y que el pelotón se estire. Se llega a una zona en la que se cruza la carretera que lleva a la estación, para, después de un descenso bastante pronunciado, llegar a uno de los puntos calientes de la carrera: EL TEMIDO CORTAFUEGOS.
Aquí si que la carrera empieza a poner a cada uno en su sitio. Al principio hay un tramo de unos 600 metros con una pendiente que creo que podría tener un porcentaje de desnivel cercano al 55-60%. El terreno es arenoso, resbaladizo, lleno de piedras y sin nada a lo que agarrarse. Se avanza con mucha dificultad y se producen caídas. Si miras atrás no ves nada. Tienes que mirar hacia abajo para ver. Yo no sé los demás pero, en mi caso, subía con las dos manos palanqueando en cada pierna en cada paso. Luego de esta parte infernal, se suaviza pero se suaviza poco, durante otro kilómetro y medio larguísimo en el que vas ganado altura para, por fin, llegar a una zona en la que en algunos puntos se puede volver a correr algo.
Tras los cuatro y pico kilómetros de cortafuegos, se llega a unas praderas en las estivaciones de la cumbre, en las que, bajo la espesa hierba, se esconden peligrosos agujeros formados por el agua, donde no es difícil caer, como así lo hizo un ciclista de la prueba de BTT, que este año se incorporaba y, que, surgió de la niebla.
Niebla, viento y frío, nos acompañaron desde ese momento hasta llegar al punto de control establecido en la parte más alta, en las antenas, en el final del trayecto del telesilla, en la cumbre, en Cabeza Grande de Manzaneda.
En lo que otros años era el medio maratón porque en este….
 Allí, como siempre, control de paso en menos de 3 horas 15 minutos, para no quedar fuera de control, y avituallamiento variado, sólido y líquido. En ese momento, el corredor que me acompañaba, Dani de Lalín, otro “loco” que corría tras sufrir una neumonía, y yo, fuimos testigos de dos abandonos por hipotermia y, es que el día, a diferencia del calor de la edición anterior, estaba muy frío, lo cual, unido a la niebla y al viento fuerte del norte que allí arriba soplaba, hacían que la sensación térmica fuese muy desagradable.
A partir de aquí, unos doce kilómetros de descenso. Bajada en muchos puntos suicida, (lo que los habituales de estas pruebas llaman “técnicas”), con apoyos en piedras móviles, zig-zag continuo e importantes desniveles y saltos que requieren de la máxima concentración para no romperse la crisma, u otra parte del organismo. Una pena no poder apreciar en toda su dimensión los paisajes más espectaculares, a mi entender, del entorno.
Este año se varió un poco el trazado, eliminando el paso por el pueblo abandonado de Prada que tanto me impresionara.  Este cambio trajo consigo,- en mi opinión-, la eliminación del tránsito durante varios kilómetros por una pista forestal, denostada por los puristas de estas carreras, pero que, por el contrario, añadió el paso por el pueblo de Requeixo, en la que se pisó durante bastantes metros asfalto, que no sé que será mejor.
Si en la anterior edición se encaraba desde Prada a Paradela a través de un terreno rompe piernas, pero que picaba hacia abajo, esta vez, haciendo una horquilla a la derecha y luego a la izquierda, el terreno rompe piernas, picaba hacia arriba y, bastante pero, con el “agravante” de añadir algo más de un par de kilómetros a la prueba que, a la postre y como es lógico, rompieron las previsiones de mejora de marca con respecto a otros años.
Llegamos a Paradela. Aquí Yo era el último hacía un año y, a falta de seis kilómetros para la llegada, muy emocionado y crecido, había llamado por  teléfono a Oscar para que me esperara, convencido de que si él no lo hacía, no habría nadie. Estaba equivocado, y allí estaban, esperando por el último en llegar, aunque lo hiciera casi una hora después del cierre de control. Ahí quedé enganchado de verdad de esta carrera.
Ahora era distinto. No estaba solo. Conseguí llegar a este punto con un grupo de corredores que, aunque del furgón de cola, nos defendíamos con uñas y dientes.
 Un poco antes,- para mi sorpresa-, había rebasado a Homedenejro, de Correr en Galicia que suele ir muy por delante, pero esta vez, le había sentado mal el avituallamiento. En realidad, -e insisto-, con toda la humildad que se me suponga, sin emplearme a fondo, por una vez, desde el puesto de control en el Km. 21, había superado a 12 corredores y creo que no fui adelantado por ninguno.
Encaramos la subida de Penedos do Lobo. Una ascensión que en este momento de la prueba parece vertical, por una ladera en la que en muy poca distancia real se pasan de los 900 a los 1500 metros para atravesar los penedos verticales que la coronan y, en los que, sin duda, en las noches de luna llena y, seguramente también en las otras, los lobos se hacen los dueños del privilegiado mirador que domina el valle, al acecho de cualquier presa. Quién sabe si de algún corredor perdido…
Estas y otras fantasías las voy empleando para que el camino se me haga más corto, pero no funcionan. Nos quedan un último cortafuegos, que apuntillan al más valiente aún siendo corto, y tres kilómetros de pista forestal entre pinos que nos conduce al punto del cual habíamos salido más de seis horas antes.
La verdad es que no me cuadraban los cálculos al mirar el reloj pero, me concentré un poco en componer la figura, acelerar la marcha y tratar de que la corredora portuguesa que me seguía a menos de un centenar de metros, no me adelantara. Al final siempre se me aparece la venilla competitiva.
Conseguido un ritmo decente y con la llegada en bajada, alcé los brazos mientras cruzaba el arco hinchable de meta que el año pasado casi se desploma a mi paso, harto de esperarme.
Seis horas y diecisiete minutos y muchas ganas de volver.


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