jueves, 17 de febrero de 2011

Crónica del I Trail "Río da Fraga" en Moaña - GMTA

Por Ángel Pumar Bóveda.
Presidente del club Esprintes Ourense.

El domingo nos fuimos cinco Esprintes a correr el Trail de Moaña, 17 km, con 10 de ascensión al Monte do faro, con 600 metros de desnivel, y regreso a la culminación.

La mañana, fría y muy lluviosa. El polideportivo, justo al lado de la salida, nos permitió cambiarnos y calentar cómodamente mientras saludábamos a toda la tropa habitual. A un@s más que a otr@s.

Con un poquito de retraso, a eso de las once, empezó la carrera. Los 4 ó 5 primeros kms transcurrían paralelos a un regato que, ahora sí, bajaba alegre, caudaloso, y juguetón, (lo quiero ver en el mes de junio).

He pescado (intentado) truchas muchos años en sitios similares, por lo que el terreno no se me hacía extraño y no podía evitarlo: iba tan pendiente de las “posturas” de pesca, como de los posibles tropezones o resbalones que el barro, raíces, puentes de madera, piedras, etc., nos ofrecían.

Como muchos saben, soy fumador y lo estoy dejando, (llevo mes y medio sin hacerlo). La pasada temporada, entre el tabaco y la falta de entrenamientos, bajé incluso más abajo del pobre nivel al que ya estaba.

Esta temporada, me estoy “sacrificando” un poco más en cuestión de salir a correr, aunque tuve la mala suerte de tener un par de lesiones, no muy importantes, pero que me han impedido hacerlo.

El caso es que, pasados los 4 ó 5 primeros kms en los que, saliendo desde atrás y, estando parado casi un minuto en una “chicane de la rivera” por la aglomeración de corredores ante un pasito estrecho junto al río, me encontraba tan bien, que tiré bastante fuerte llevando a rueda a Pablo y a Felipe, dos de mis ídolos. Éste último, seguido al rebufo por Pablo, se me fue yendo, (Carlos Muradás y Oscar ya lo habían hecho desde la misma línea de salida).

Y entonces pensé que, como casi siempre, se me había acabado la gasofa, mientras llegábamos a un “murito” a través de un tramo de pista forestal, desde la que se veía, no mucho por culpa de la niebla, una espectacular estampa de Vigo y su Ría.

El murito de marras, aunque bastante más corto, me recordaba al de Penedos de Lobo, (esto lo digo con el máximo respeto, pero lo digo). Y ahí me di cuenta de que el abandono del tabaco empezaba a funcionar. Había llegado a un punto que, aunque muy cascado, todavía me encontraba con algunas fuerzas y, sorprendentemente, éstas no menguaban sino que parecía lo contrario.

Alcé la vista y pude ver a un majestuoso Pablo, (Pájaro Azul), que ascendía con elegancia por la ladera, eso sí, apoyándose en un palo largo y recto que no sé de donde sacó, pero que no le restaba ninguna prestancia a su figura de porte peregrinesco.

Confieso que lo llamé y sé que me esperó y así pude alcanzarle y coronamos juntos.

Me encontraba eufórico y, tras un traguito de agua, le dije: ¡Vamos, para abajo a tumba abierta! En realidad, fui mucho más grosero, pero el significado de la frase, era idéntico.
- Baja tú, que yo aun tengo problemas de espalda y voy a ir despacio. - Me dijo Pablo con la solemnidad acostumbrada.

Y así, más que bajar muy rápido jugándome el tipo, lo que pasó en realidad es que no daba frenado por las empinadas rampas del principio debido, sobre todo, al exceso de peso ganado a pulso pero sin querer.

Bastante hacía con mantener el equilibrio y ver, con los ojos empañados por la velocidad para no pegármela, como para saludar a todos, (y fueron bastantes) los corredores/as, españoles, portugueses y/o de donde fuesen, que rebasé en la bajada.

Hasta llegar otra vez al río.

Allí el terreno no era tan empinado pero aún faltaban unos 3 ó 4 kms para la meta y llevaba a un corredor por delante y no veía a nadie por detrás. Estaba cansado, me dolían los pies y el terreno, que en la subida aparecía fácil, ahora, debido a la velocidad que, por muchas razones, podíamos llevar, se había convertido en una trampa: laberinto de árboles, suelo súper-resbaladizo, zigzagueo continuo, posibilidad de caída…

Lo más fácil, sin duda, era dejarse llevar. El corredor que llevaba delante se la iba jugando, se veía más fuerte y merecía sin duda llegar antes. No veía a nadie por detrás y podría aflojar un poco el ritmo y, entonces. Me relajé, perdí un poco la concentración y me la pegué.

Inmediatamente, el de adelante paró para ayudarme. No fue nada, pero el gesto ya me obligó moralmente a seguir el ritmo que él marcaba, bastante fuerte para mí. Un poco más tarde fue a él a quien, delante de mí, se le barrieron los pies lateralmente sobre la pasta de barro y se cayó, con gran estruendo, sobre el costado derecho.

A partir de ahí, luego de devolverle la ayuda y de recuperar el ritmo, adelantamos sin piedad a todo el que pudimos y, aunque soy un Esprinte y ya suponéis el porqué, decidí no esprintar. Un poco porque no se lo merecía y un mucho porque seguro que me hubiera ganado.

Le pregunté el nombre, Juan Guillermo. Me dijo que era de Vigo.

Algo más de 2 horas y 10 minutos. Me saben a gloria.

5 comentarios:

  1. Enhorabuena por esa gran carrera y las buenas sensaciones de la subida!!!

    La cronica,como siempre, digna de un gran literato.

    Un abrazo Angel.

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  2. No me vaciles,Lois !

    Muchas gracias.

    TOLEDANO

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  3. Creo que a ese Juan Guillermo lo conozco yo, un gran tipo. Un abrazo.

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  4. estuvo bien , espero coincidir en Carballino contigo otra vez y gracias por no sprintar

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  5. Fue un placer. En Carballiño no podré estar pero, quedan más.

    TOLEDANO

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